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Terra
La Coctelera

Cosas que pienso

 

Muchas veces me asalta la duda, una idea en discusión con la razón, que aún no he llegado a dilucidar  si es que la poseo o me posee ella a mí. Porque es de las que me dan vueltas y ya sabemos que las vueltas se dan en círculo, y los círculos no tienen fin. Este pensamiento arremete en medio de muchos otros, sobre todo, cuando miro a través de los barrotes que separan mi universo del resto, no sé si soy yo la que está encerrada, o los encerrados son los que están tras los barrotes desde donde me miran.

Creo que es el mismo pensamiento que pueden tener los pájaros que han nacido en una jaula, si es que los pájaros tienen pensamientos, que no lo sé. Pero si ellos no lo saben tampoco y todo su universo es esa jaula, pueden pensar que los que están entre rejas sean los de fuera ¿no?

¿Y el león que ha nacido en cautividad, piensa que la selva es ese trozo del zoo donde ahora vive? O ¿sueña con la inmensa selva, pero acepta el pedazo que le ha tocado y lo disfruta sin más?

La verdad es que no debería intentar, tan siquiera, meterme en lo que piensan los animales, cuando mis pensamientos rebosan en mi mente, pero de pronto confluyen los unos y los otros, se hacen un mismo océano y me zambullo hasta el fondo.

Y es que como dijo Voltaire: "Hay quienes solo utilizan las palabras para disfrazar sus pensamientos". Yo le busco disfraces a mis palabras, las visto de animales, de plantas, de cualquier cosa que le dé sentido a lo que pienso. Y aunque los disfraces puedan parecer la mejor forma de ocultar, si los miramos con detalle, pueden decir muchísimo más de lo que  ocultan.

¿Busco sentido a lo que pienso, porque busco sentido a lo que vivo?  Si...siempre

Puede que mi brújula la hayan golpeado y golpeado hasta romperla, para que no supiera donde se encuentra mi norte, pero lo que no saben es que se moverme sin brújula, que conozco las estrellas y aunque en el día no brillen, puedo esperar a la noche para volver una vez más a mi camino.

Los encerrados son ellos, ahora lo tengo claro, porque preso es el que así se siente y no aquel al que lo obligan a estarlo. Por eso los pájaros cantan aún detrás de sus barrotes, porque su jaula es tan inmensa como la libertad de su canto.

Un abrazo para todos.

 

Si me sientes... estoy

Aunque sea porque notas mi ausencia

 y al recrearte en mi abandono... vuelvo

te inunda el aroma de mi presencia

y reaparezco entre la bruma del sueño

vainilla y canela... cuerpo y corazón soy... siénteme...  y estoy

 

Si me recuerdas... existo

Aunque sea una recreación inventada

Mezclada con otras vivencias

Las reales... y las imaginadas

Déjame existir... por clemencia

Canela y vainilla... viva y luchando, resisto...recuérdame...  y existo.

Ana Montes Sansaloni.

sin título

 

                                                                             La vida es un teatro

No me cabe la menor duda de que la vida es como un teatro, un gran teatro en el que se estrenan al unísono miles de obras diferentes, pero que se relacionan unas con otras continuamente.

Por desgracia para nosotros, en el reparto de papeles no siempre salimos beneficiados, más aún, la mayoría estamos descontentos con el papel que nos ha correspondido interpretar, ya que creemos que a otros les han dado el de protagonistas y a nosotros el de secundarios.

Envidiamos el vestuario y el attrezzo con el que los demás interpretan su papel, y vemos el nuestro como deslucido y sin importancia.

Pero es un grave error, ya que todos son importantes, más todavía, necesarios.

Fíjate que pienso que muchos no tenemos ni frases que decir, o incluso que somos parte del attrezzo.

Es aquí, precisamente, donde quería llegar, porque yo me considero así, y con el tiempo he ido cambiando para amoldarme a la obra que se interpreta en ese día, en ese momento.

He logrado cambiar de forma, de colores y hasta de lugar, para seguir siendo útil dentro de lo que me toca ser.

Habrás visto muchas veces un puente, algunos son fijos, otros colgantes, cortos, largos, anchos, estrechos, seguros e inseguros, algunos incluso de pago.

Pues yo soy un puente, tal vez comprendan mi importancia cuando ya no este, o cuando este roto y ya sea imposible usarme. Pero mientras tanto seguiré realizando el papel que me ha tocado, unir dos orillas de un rio, dos partes separadas de un abismo... soy un puente que intenta facilitar el encuentro, superar aflicciones, estimular el camino... solo un puente, pero haciendo lo que sea necesario para ser el mejor.

Hacer esto no es fácil, te lo aseguro, a veces me cuesta mucho y es doloroso, lloro mis lágrimas y las de los demás, pero cuando lo consigo la gratificación es inmensa.

Mi papel no es el de protagonista, si no el que ayuda a muchos protagonistas a cruzar por el rio de la vida, a veces sereno y tranquilo, otras turbulento y traicionero, pero sin más remedio hay que cruzarlo.

Conozco a muchos como yo, que no son puentes, pero son farolas que dan luz, iluminan el camino y ayudan a que veamos claro lo que nos rodea; Otros son voz que acompañan, aconsejan y hacen de eco de tu mente para que reflexiones; Los hay edredones que dan calor y cariño cuando te crees solo; los hay sillones en los que poder sentarnos, poder descansar y en los que encuentras paz.

Mucha gente no sabe el papel que le ha tocado, o simplemente se niega a asumirlo, sin entender que no es posible evadirse porque todos  somos necesarios, y aunque envidiemos los grandes papeles y los bonitos guiones que a otros les han tocado, pienso que sin todos esos que llenan el teatro de la vida tan solo con su presencia, con su peculiar aportación, no tendría el mismo valor, todo sería diferente y vacio.

Un abrazo. Ana  

Entierro

 

Es doloroso tener que enterrarte en vida,

sabiendo que tu seguirás viviendo en la tuya,

mientras yo lloro, tu muerte, en la mía.

Tejer, sola, un mantón inmenso y negro

que consiga tapar por completo los días,

aquellos de colores que tejimos entre los dos.

Ya los porqués  no buscan respuesta,

se cansaron de indagar en el vacío.

Y los vacios ya no buscan llenarse,

los colmaste... y ahora son solo míos.

Mientras escribo redoblan los latidos del corazón,

tocan a muerto... lento, profundo y con eco...

subiendo y bajando por mis venas

en este cementerio de sentimientos.

De mis senos a mi boca, de mi boca a tu hueco,

pronunciando tú nombre  en un quejido,

cierro la tapa que te cubre...

 mientras tú vives y yo muero.

Ana Montes

Consejos?

 

Hay personas a las que les cuesta pedir consejo, consideran que esto puede ser una muestra de debilidad.

Lo mismo que hay mucho experto suelto, que se dedican a darlos sin ton ni son.

Algunos, que no pueden hacer nada sin pedir consejo, aunque después van a la suya.

Otros piden, escuchan, valoran y toman sus propias decisiones.

Lo cierto es que, estoy segura de que hemos dado y recibido algún consejo en nuestra vida, lo hayamos querido o no.

Al igual, que es innegable, que nos bombardean, continuamente, con consejos para cualquier cosa y cualquier tema, aprovechando todos los medios de comunicación existentes.

Los que saben, mucho más que yo, de esto de vivir, dicen que solo hay dos formas de aprender:

Una por la experiencia propia, la cual solo la podemos obtener de los errores cometidos; y la segunda por la sabiduría, la cual la obtendremos de los errores ajenos.

Por eso, en la medida que puedo, trato de aprender de los errores de los demás, más que nada, porque duelen menos o, al menos, amortiguan mi pesar.

Pero, para conseguirlo, es necesario prestar atención. Es muy normal que repitamos los mismos errores que otros ya cometieron. Solo hace falta echar un vistazo a la historia para ser conscientes de ello.

Lo bueno es que aún sabiendo las consecuencias de esos errores, los repetimos, con nuestra falsa creencia de que a nosotros no nos pasara, ¡claro! Nosotros somos diferentes, más listos que nadie. Así le va al mundo.

Tampoco somos muy dados a reconocer nuestras equivocaciones, y cuando lo hacemos suele ser tarde. Pero nunca lo es demasiado, si al final aprendemos la lección.

Hay muchos maestros de la palabra, muchos de la teórica, muchos que saben por lo que leen, por lo que estudian y no dudo de que sean capaces de aconsejar.

Sin embargo con el paso de mis años he tendido a pedir consejo, asegurándome en lo posible de que, a quien se lo pido, haya aprendido a manejar sus fracasos y además los haya superado con bien.

Porque tampoco me valen aquellos que se sienten derrotados, los que te animan a cejar en el intento. Puede que como ellos han fracasado, no vean otra salida que el fracaso.

En muchos aspectos y porque ya voy teniendo una edad, porque además de ser hija soy  madre, también he pasado de pedir muchos consejos a tener que procurarlos cuando me los piden.

Y os aseguro que no es nada fácil, siempre considero que si me equivoco al aconsejar y me hacen caso, en parte me puedo sentir culpable del error del otro.

Por eso intento no decir haz esto o lo otro, o yo haría esto o esto otro. Les muestro las paredes que derribe, los obstáculos que salve y les enseño las heridas que me causaron y las señales que me han dejado.

Y cuando he comprobado por mi misma que algo te lleva a ser feliz, cuando después de experimentar en mí descubro una panacea que me ayuda, se lo cuento, pero dejando a su libre albedrio la decisión.

Porque sigo siendo una mera alumna del vivir, y solo puedo pasar mis apuntes, pero de nada pueden servir si el otro no estudia a su manera y hace su propio examen.

Así que, os deseo que seáis felices, que tratéis de disfrutar al máximo de lo que os rodea, que os baséis en el amor para dirigir vuestra vida. Esto son apuntes que he ido tomando de otros y que tras comprobarlos, en mi misma, me han ayudado a superar malos momentos.

A partir de aquí es cosa vuestra.

Un abrazo. Ana

DERRAMATE

 

Si un día te apresa el ansia

de hacer de tu vida un presente

que no dependa de tu pasado.

Si tu corazón se pone a soñar

los grandes espacios sin fin...

Si lo que tienes no te basta,

si quieres enriquecerte

con el peso ligero del amor

y de la belleza infinita.

Si quieres entender el lenguaje

de los cielos inundados de luz

y de la fidelidad del sol

al nacer cada día.

Si tu alma y todo tu ser

tienen sed y quieren beber

en la fuente misma...

Sal de ti, no guardes nada sin compartirlo,

Que los tesoros enterrados y por descubrir

mueren en el olvido del que los enterró

Y bajo la misma tierra que los cubrió.

Derrama en tu derredor la alegría,

Tus ideas, tus pensamientos y tu verdad,

Para agrandar la verdad del mundo.

Derrámate cual lámpara derrama la luz.

Que ese ansia que te aprisiona

No es más que el fuego que arde en ti

Intentando a golpe de alma y corazón

Modelar un nuevo universo.

 

Ana Montes.

Un abrazo y respirando profundo, que la vida nos espera. ¡¡vamos a por ella!!

CANTANDO

 

Dicen los que saben de estas cosas, mucho más que yo, que es normal, absolutamente normal que en ocasiones estemos tristes, desanimados, apáticos, algo deprimidos, desalentados por algo que nos sucede, que es todo normal.

Porque es imposible que nuestra capacidad este siempre al 100%, y porque el hecho de que tengamos los episodios antes nombrados, son los que nos hacen distinguir los otros, los que son radiantes, estamos como una castañuelas y la vida es estupenda.

El concedernos a nosotros mismos el derecho a tener un mal día, no quiere decir que aceptemos que todos los sean o no hagamos nada en absoluto por cambiarlo, a veces con solo proponérnoslo conseguimos darle un giro maravilloso a ese día.

Yo trato de seguir un consejo de una persona muy sabia, que ya me dejó, mi abuela, ella decía: "a las penas puñalas, hija mía", "si estas triste, ¡sonríe!, si sonreír no basta, ¡Silba!, si el silbar falla, ¡canta!" Y eso hago canto y me lleno de música, entonces la cosa ya empieza a cambiar.

Al fin y al cabo yo soy la conductora, la guía, el faro y la brújula de mi vida; soy la presidenta ejecutiva de una empresa en pleno desarrollo, mi vida; yo soy el motor y el combustible para el desarrollo y el movimiento de mi vida.

Definitivamente somos muchos más de lo que nosotros mismos creemos; valemos mucho más de lo que pensamos; tenemos capacidades que aún desconocemos. Por lo tanto somos capaces de muchas más cosas, si realmente nos lo proponemos. Tenemos mucha más inteligencia de la que realmente utilizamos y aprovechamos. Nuestro valor es incalculable.

¡¡Entonces!! Podemos superar un mal día, y lo mejor de todo, es sentir toda la energía que tenemos dentro, el calor de nuestro cuerpo, el corazón que nos late sin descanso, la sangre que fluye en las venas, todos nuestros sentidos funcionando y demostrándonos a cada paso que podemos, porque estamos vivos.

Si hoy estas triste, no voy a decirte que no lo estés, si es que ese es tu deseo y necesidad, pero si te pido que te tomes unas pequeñas vacaciones de 3 minutos en tu tristeza, ¡¡fíjate que poco te pido!! 3 minutos para que te hagas consciente de todo lo que te he dicho y empieces a tararear una canción.

 Feliz día y un abrazo.

Digestión de sentimientos

 

A veces me sucede, y no quiero cuestionarme demasiado el porqué, debe de ser algo que va con mi personalidad, o con mi forma de afrontar la vida.

El caso es que un día, después de haber estado dándole vueltas y más vueltas, tomo una decisión. No es necesario que sea un día explicito, ni con ningún detonante especifico, me sucede y ya.

En esas comparaciones que suelo hacer, sería como, si después de haber tenido en la boca un trozo de carne correosa, masticando y masticando para intentar ablandarla, tratando de que sea un poco más pasadera, al final te cansas porque te duele hasta las quijadas y te la tragas como esta. Durante un tiempo notas el pesor en el estomago, porque la digestión no parece fácil, a pesar que lo recubres de ácidos y  jugos gástricos, poniendo toda tu energía en esta labor. Al final y dependiendo de lo duro que haya sido el trozo a digerir ¡¡sucede!! Lo consigues, se transforma, y hasta sacas fuerzas nuevas de lo tragado.

Puede que os parezca una comparación tonta y hasta fuera de lugar el que, a aquellos pensamientos,  a aquellos sentimientos, incluso a aquellos sucesos dolorosos o felices que nos acontecen, les busque un paralelismo con la digestión,  pero intentar, si así os place, mirar desde mi perspectiva.

No voy a explicaron cómo funciona la digestión de los alimentos, que eso lo podéis buscar perfectamente y hasta hacer vuestro propio máster, con la cantidad de información que conseguiréis en los libros o en internet.

Yo hablo de la digestión de los sentimientos, esa que al igual que la que necesitamos hacer cada vez que comemos, la tenemos que hacer cada vez que sentimos. Que en muchas ocasiones constituye un proceso tan o más complicado que la que hacemos al tomar cualquier alimento.

La maquinaria increíble de nuestro cuerpo, es mil veces superada por la de nuestra mente, y tanto una como la otra realizan tareas inimaginablemente complicadas, sin que apenas le prestemos atención. Cuando comemos no pensamos en todo los motores que ponemos en marcha, no pensamos mientras comemos en el recorrido y las diferentes etapas por las que pasa la comida. Y aunque todos tenemos, más o menos, noción de lo que ocurre, no lo hacemos pensándolo, es algo que sucede porque  ese es el funcionamiento del ser humano.

Pienso que a la hora de digerir los sentimientos, hacemos muchas cosas parecidas, los saboreamos, para distinguir sin son dulces, agrios, salados, secos, melosos... así sabemos los que son más de nuestro gusto, aunque no siempre podemos elegirlos. Ya que, aparte de los sentimientos propios de cada cual, recibimos los que los demás nos dan o nos demuestran.

Cuando comemos en casa ajena, no siempre el plato con que nos agasajan es de nuestro gusto, y muchas veces por educación, respeto o aprecio a la otra persona, tratamos de pasarlo aunque sea a base de agua. De esto que después nos caiga como un tiro en el estomago.

El sentimiento base (por comparativa el pan) es el amor. Necesario para todos. Luego esta lo de "contigo pan y cebolla", que ahora empiezo a entender lo de la cebolla, será por las lágrimas que suele acarrear, ya sean de felicidad o de pena.

¡Total! Que estoy haciendo una digestión difícil de algunos sentimientos, que llevaba tiempo masticando, que me los trague a base de lágrimas y que ahora, después de haberles sacado todas las vitaminas, proteínas y demás, ya ando con las fuerzas necesarias para continuar.

A partir de ahora, y como cuando comemos algo que nos sienta mal, durante un tiempo tratare de evitar los que se asemejan o contienen los mismos ingredientes, mirare con más cautela lo que me ofrecen.  

Pero conociéndome como me conozco, y con los golosa que soy (Comparando al amor con el chocolate) acabare por darme algún atracón, aunque después me duela hasta el Alma.

Y para los que me sean difíciles de evitar, y no me queden más remedio que tragar, nada mejor que un buen gazpacho. Para hacer uno bueno que me ayude a la digestión de sentimientos, sería: Poner en la batidora mental algo de distracción, música, mar, terracita de noche, conversación intrascendental con amigos, risas... añadir a vuestro gusto lo que más os plazca, y tomar bien fresquito.

Feliz día a todos. Ana

Abandonar

 

"Abandonar, puede tener su justificación. Abandonarse, no  tiene justificación alguna".

Puede ser que si abandonas una lucha, te tachen de cobarde.  Me rio yo de eso, porque no creo que nadie quiera dejar de lado su sueño, su ilusión. Es muy probable que, para hacerlo, tenga que armarse de toda la valentía que guarda en sus reaños.

Pero como en todo, el debate se abre, habrá quien considere lo uno y quien considere lo otro. Yo no puedo más que poner como ejemplo aclaratorio, algo  de lo aprendido.

Cuando hace mucho viento, las ramas de los arboles se mecen a su son, no les queda otra, están expuestas a ese avatar sin remedio, no lo elijen ellas. Y aquella rama que se empecina en llevar la contraria a su dirección, lo más seguro es que acabe rota o desgajada. Su abandono tiene justificación, y lo hacen por sobrevivir.

En cuanto el viento o la tormenta cesan, vuelven a enfrentarse a la vida diaria, sin abandonarse, tomando la sabia que les hace falta para conseguir sus frutos, sus hojas, y seguir creciendo.

Cuando leo algún libro, alguna historia, fabula o cuento, le trato de sacar todo aquello que pueda servirme. Según el momento que me toque estar viviendo, los derroteros me llevaran a sacar provecho de una frase  o un párrafo, irán por un sitio o por otro. Y fácilmente, al cabo del tiempo, la historia que me ayudo por un motivo, puede ayudarme por otro, porque le encuentro algo diferente, que en su momento no vi, sencillamente porque mis sentidos no estaban abiertos a ello.

Esto también me pasa cuando escribo. Cuando releo lo escrito, descubro cosas que, tan siquiera, sabía que habían salido de mis dedos.  Creo que porque unas las escribo conscientemente y otras las escribe mi subconsciente sin yo darme cuenta. Precisamente de estas, son de las que aprendo más, porque son las que sacan temores y verdades que tapo para evitarme el daño.

Os preguntareis el porqué de esta explicación, pues ahora y a través de este cuento os lo digo. Es algo que leí hace tiempo, por lo que en estos momentos os lo contare como lo recuerdo y a mí manera, mejor dicho, como lo siento por lo que estoy viviendo ahora.

Erase una rueda de carro que hacía tiempo que había perdido un eje, por lo que a raíz de esta perdida, permanecía quieta y sin moverse, regodeándose en su dolor, creyendo que sin ese eje no podría seguir rodando.

Hasta que pasado un tiempo, decidió que a lo mejor no fuera así o que, tal vez, podría recuperar su eje perdido, o uno  nuevo que encajara en su engranaje. Pero quedándose allí, parada y quieta, seguro que lo único que conseguiría seria abandonarse y morir poco a poco.

Al amanecer siguiente, en cuanto despuntó el día, se puso en camino. Su rodar era lento, estaba entumecida y la falta de ese eje la desequilibraba si no iba con cuidado.

Esto le permitió fijarse, con detenimiento, en los lugares que pasaba, ver todos los colores de las cosas, percibir el olor que todas desprendían, escuchar los sonidos que cada una tocaba. La naturaleza entera se le descubría  como algo nuevo u olvidado. Cuando estaba entera corría demasiado y no lo apreciaba.

Se encontró en su camino otras ruedas, jóvenes y nuevas que más que rodar pasaban volando por su lado, raudas y veloces, levantando polvo y sin mirarla. Otras que, como ella, también viajaban despacio por pérdidas sufridas  y que como ella también buscaban.

A veces, a un lado de una encrucijada, encontraba algún eje perdido, lo tomaba y se lo probaba para ver si era de su medida, andaba con él un trecho del camino, a veces corto, otras más largos, pero al final lo desechaba, no eran como el suyo.

Siguió buscando durante mucho tiempo, sin saber que ya había encontrado lo que necesitaba. Hasta que un día se vio reflejada en un riachuelo que cruzaba y vio su alegría, su felicidad. ¡Eso era!, no importaba que le faltara un eje, lo importante era no dejar de rodar y ser ella, vivir y disfrutar del camino.

Espero que os sirva para tener un feliz día. Un abrazo enorme.